Mis amables y queridas lectoras de espíritu curioso y viajero… Quiero invitaros a viajar conmigo, entre mis trazos, para descubrir un lugar donde cada piedra tiene algo que contar. No importa si eres de natural curioso o distraído, es hora de llegar a la Calle Mayor, doblar la Plaza de la Villa y sentir como la historia te tira suavemente del brazo para contarte un secreto. Allí, tras sus calles, las mismas que antaño vieron el ajetreo de mercaderes y damas de mantillas; allí, justo donde el espacio se ensancha, se revela con majestuosa serenidad el Palacio Real de Madrid.
Nos acercamos al Palacio y trazamos con elegancia y simetría los muros de su fachada, una mezcla perfecta de Barroco y Neoclásico; pintamos de un gris luminoso acariciado por el sol de media tarde sus piedras y descubrimos en cada pincelada sus secretos mejor guardados, sus grandezas y miserias. Abrimos bien los ojos, queridas, pues es el momento de caminar por sus más de 135.000 metros cuadrados testigos durante siglos de la historia de España. Atravesamos el umbral de este majestuoso edificio donde la grandeza parece no tener límites y, de pronto, el pincel esboza solemne la Escalera Principal; la misma que con su mármol resplandeciente y distinguida barandilla nos guía hacia su corazón. Entonces, detenemos el pincel en el Salón del Trono, entre terciopelos de escarlata y dorados relucientes, donde resuenan las voces de los monarcas y embajadores dibujando una imagen de otro siglo.
Caminamos por sus estancias principales y sus rincones; nos empapamos de pintura buceando entre sus obras de arte y sus tesoros únicos: La Real Cocina, el Comedor de Gala, la Capilla Real, El Salón de Alabarderos… Pero no es todo ostentación y esplendor. Alejada del bullicio y de los grandes salones, sombreamos silenciosamente la Real Biblioteca. Es aquí, entre manuscritos, partituras de grandes maestros y códices donde las leyendas alzan su voz para contarnos su propia versión de los hechos.
¡Eh voilá! Con su propia versión, las leyendas nos llevan hasta la Nochebuena de 1734. Sentimos calor y el cacareo de las malas lenguas que afirman que los miembros de la corte de Felipe V, primer borbón en España, han provocado un incendio en el Alcázar de Madrid. Nadie sabe, pero todos creen que el rey quiere construir en el solar de esta antigua fortaleza medieval, convertida en palacio por Felipe II en 1561, un palacio al estilo de Versalles. Piedras, mármol, estatuas, frescos… Un palacio a la altura de sus aspiraciones y emblema de la nueva dinastía.
Cuando cae la tarde y las leyendas apagan su voz es el momento ideal para caminar por los alrededores del Palacio Real de Madrid y fantasear con nuestra paleta de colores. Damos pinceladas anaranjadas para acariciar la piedra blanca de la Plaza de la Armería; posamos gotitas de hojas amarillentas sobre los Jardines de Sabatini y coloreamos de azul inmenso nuestro paseo final por la Plaza de Oriente.
Con afecto, By Serendipity









